Explorando cómo hacer del viaje un estilo de vida. De voluntaria a nómada digital, te cuento lo que he vivido, lo que hago y lo que voy descubriendo, esperando que mi historia te inspire a vivir tu propia aventura.
Soy Anacris, una mexicana que busca ser ciudadana del mundo 🌎 En 2017 empecé a probar diferentes formas de hacer del viaje una forma de vivir. Voluntaria, Au Pair, Backpacker y ahora Nómada Digital, sigo encontrando maneras de explorar el mundo. Cada destino, cada persona me ha transformado de diferentes maneras, y por eso quiero compartir contigo lo que he aprendido de cada experiencia: real, sin filtros y esperando que encuentres inspiración en alguna de estas etapas de mi vida para que te animes a vivir tu propio viaje✨
En 2017, hice mi primer gran viaje. En la prepa nos mandaban de misiones de Semana Santa. Después de mi primera misión, supe que algo había cambiado en mí; ver esos paisajes, convivir y vivir en realidades opuestas a la mía me sacó de mi burbuja. Entendí que el viaje, más que físico, es hacia adentro, y eso te hace crecer en todos los aspectos.
El distrito de esta preparatoria tenía un programa para estar de misiones durante un año, apliqué y me aceptaron! Con honestidad, esta decisión la tomé por posponer la universidad un año y por vivir una aventura; saber que cada 15 días iba a estar en un lugar diferente en las barrancas de la Sierra Madre me emocionaba un montón. Aunque el objetivo de este voluntariado era transmitir valores cristianos en las comunidades más remotas y generar proyectos comunitarios, no considero haber hecho un cambio significativo. Para mí, transmitir estos valores nunca fue lo que realmente me inspiró a hacerlo; de hecho, desde aquel entonces me cuestionaba si resonaban conmigo y, mientras más aprendía, menos sentido me hacía. Aun así, me entregué a la experiencia e hice lo que había firmado para ese año. Nada revelador salió de intentar vivir bajo valores cristianos, pero cada persona y lugar me revolucionaron enormemente en lo personal.
Aprendí a vivir con lo básico, a mantener una mente y corazón abiertos; conocí historias muy duras de una realidad de mi país que no me imaginaba. Honestamente, empecé a AGRADECER todo: salud, comodidades, una familia amorosa, amigos incondicionales, la oportunidad de soñar en grande y sentirme capaz de hacerlo. En este tiempo empecé a ver a cada persona como un mundo nuevo, donde ninguno es mejor que otro; pude valorar las diferentes costumbres de cada comunidad que, aunque estén dentro de mi país, varían en cada región. Las costumbres y tradiciones cuentan la historia de cualquier lugar y, si prestas atención, te revelan su esencia. En este viaje abracé el entendimiento de que existen puntos de encuentro incluso en los polos más opuestos, y desde ahí me relaciono con las personas que se cruzan en mi camino.
Lo irónico es que esta experiencia estaba diseñada para que yo fuera a cambiar comunidades, y nada puede estar más alejado de la realidad. Este año me cambió desde lo más profundo. Viajar es, si te lo permites, una herramienta de crecimiento personal. Y cuando escuchas a la comunidad, participas de su forma de vivir y mantienes tu mente y corazón dispuestos; niñas y niños, abuelas y abuelos se convierten TODAS Y TODOS en grandes maestros.
Después del voluntariado tocaba cumplir la promesa que le hice a mis papás de estudiar la universidad. Fueron cuatro años donde no hubo mucha aventura viajera, pero aquí gané una habilidad que ha cambiado mi forma de conectar por completo.
Estudié una carrera que es un mix de administración y educación. Me pedían hacer prácticas profesionales y yo escogí ser maestra de inglés. Amé cada segundo de ser maestra; los niños me hacían muy feliz y aquí pude perfeccionar el idioma. Aunque disfrutaba dar clases, no me veía teniendo un trabajo “normal” y quedándome en mi ciudad. Ya había cumplido mi promesa de graduarme y ahora quería experimentar algo más. Empecé a buscar cómo podía viajar y seguir ganando dinero y encontré el programa Au Pair.
Una Au Pair (o un Bro Pair) es una persona joven que va de intercambio a otro país y cuida niños a cambio de hospedaje, alimentos, transporte, algunos créditos educativos y un estipendio semanal. Los beneficios y reglas varían de país a país, y hay familias que ofrecen más que otras. Puedes unirte a este programa a través de una agencia o por grupos de Facebook. Trabajas una parte del día, mientras que el resto del tiempo puedes explorar la ciudad o viajar a otras ciudades durante tus días libres. Muchas ex-Au Pairs coincidirán conmigo en que tu experiencia depende mucho de la familia que elijas. Por eso, si decides hacerlo, tómate tu tiempo en las entrevistas, haz todas las preguntas necesarias y confía en tu intuición. Las red flags están ahí y está bien decir que no. Es una experiencia intensa, pero te permite conocer nuevos lugares, experimentar como un local mientras ganas dinero y ahorras en hospedaje y alimentos.
Yo me fui con una agencia y mi experiencia fue variada. El primer año estuve con una familia muy linda que vivía en Wisconsin; Chicago estaba muy cerca y podía escaparme seguido. Con ellos tuve una relación hermosa; nos queremos mucho y hasta la fecha somos buenos amigos.
Aunque nos llevábamos muy bien, yo quería vivir la experiencia de vivir en una ciudad grande. Después de un año con ellos, me mudé a Chicago con otra familia. Amo Chicago, es una de mis ciudades favoritas. Conocí personas increíbles; había muchísimas cosas que hacer y siempre descubría algo nuevo de la ciudad. Me encantaba vivir ahí, pero con la nueva familia no me llevé bien. La transición fue muy difícil, así que decidí terminar mi contrato con ellos y regresar a México. Y aquí algo importante: está bien cambiar de opinión. No tienes que quedarte en una situación que no te funciona solo porque ya te comprometiste. Tu bienestar siempre es primero.
Aunque hablar inglés NO es indispensable para viajar, sí creo que saberlo me ha permitido acceder a diferentes oportunidades con mayor facilidad. Estos casi dos años de vivir y practicar el idioma me regalaron una fluidez y un vocabulario que solo la inmersión puede lograr. Si estás considerando ser Au Pair y te preocupa tu nivel de inglés: hazlo de todas formas. La mejor manera de aprender es viviendo el idioma todos los días.
Cuando regresé de Estados Unidos, pasé unos meses investigando cómo hacer dinero por internet y planeando cómo empezaría a viajar y trabajar. En ese tiempo hice varios cursos, creé este website, vendí algunos sitios a negocios y descubrí que eso no era lo que me gustaba. Con el resto de mis ahorros dejé de pensar tanto y compré un vuelo. No sabía muy bien qué iba a hacer o por cuánto tiempo; solo sabía que quería estar en Baja Sur y la península de Yucatán, entonces me fui. Metí mis cosas en una maleta y volé a La Paz. Sabía que quería viajar, pero cómo lo iba a sostener a largo plazo era la verdadera pregunta. Buscaba aventura, algo relajado, conocer mi país un poco más y descubrir si la mochileada era un buen fit para mí.
Me fui de voluntariado trabajando medio tiempo en hostales a cambio de alojamiento, algunas actividades y, en ocasiones, comida. Hice de todo: entretenimiento, cocina, bar, barista, housekeeping, bob el constructor, entre otras cosas. Cada voluntariado ofrecía diferentes beneficios. Algunos los encontré en WorldPackers y otros por recomendaciones de viajeros (estos fueron mis favoritos).
Lo mejor de mochilear es conocer a otros viajeritos, todos con historias distintas, formas únicas de recorrer el mundo y de todas partes del planeta. De esta forma tenía oportunidad de crear comunidad con otros voluntarios; compartíamos cuarto, mesa y experiencias por periodos más largos que el mochilero común. Pude ahorrarme el hospedaje (que suele ser lo más costoso) y tener la libertad de explorar los lugares de forma más local. Yo quería viajar lento, así que me quedaba de dos semanas a un mes en cada lugar.
Siendo 100% honesta, AMÉ cada día de esta etapa, pero también fue bastante agotador en el largo plazo. No tenía estabilidad económica; todo el tiempo estaba en modo planear. No terminaba de crear una rutina cuando ya estaba buscando dónde construir otra. Aunque quiero mucho a la mayoría de mis compañeros voluntarios, todos teníamos diferentes horarios y hábitos de sueño, y eso en dorms compartidos a veces generaba conflictos.
En este viaje aprendí a confiar en que todo va a salir bien y si no, confío 100% en mi capacidad de resolverlo. A fluir con la incertidumbre y las oportunidades que se presentaban. Aprendí a SOLTAR y dejar todo en manos de La Vida con la certeza de que absolutamente todo es para mi mayor beneficio. En términos menos espirituales, también aprendí a adaptarme rápidamente, a seguir mi intuición, a gestionar mis recursos y a RESOLVER con seguridad. Cuando hay tantas cosas cambiando en tu entorno, aprendes a confiar en ti. Esta confianza me llevó a CREER que soy capaz de lograr todo lo que me propongo, y eso me abrió las puertas al mundo del trabajo remoto.
Antes de que consideres esta forma de viajar, quisiera decirte que, como todo, tiene sus pros y sus contras. Tienes que conocerte muy bien para saber si esto se adapta a ti a largo plazo o si funciona mejor como una aventura más corta. Es definitivamente una de las formas menos costosas de viajar por tiempo prolongado, pero hay que ir con expectativas bien aterrizadas. La privacidad es poca, vas a convivir con personas de todos lados y por ende con diferentes costumbres; la fiesta eterna si te quedas en un party hostal o la soledad si escoges una granja a las afueras son realidades que debes considerar. Hay que renunciar un poco a la comodidad; seamos honestos, no es un viaje de lujo. Pero si crees que lo que recibes a cambio vale todo lo que renuncias, entonces esta es la forma perfecta para ti.
Yo me aventé, lo probé unos meses y me di cuenta de que no es sostenible PARA MÍ en el largo plazo. Conocí personas que llevaban más de 10 años viviendo en voluntariados y es el estilo de vida perfecto para ellos, pero para mí es importante tener un poco más de privacidad. Aunque lo volvería a hacer por un mes o dos, probablemente no lo haría por otro año. Si algo no me gusta es quedarme con la duda; abrazo estos meses, pero la vida de nómada digital me parece un fit más adecuado para mí, y eso solo lo sé después de haber experimentado las dos cosas.
Para la última etapa de mi momento mochilero ya sabía que quería algo sostenible en el largo plazo. Había tomado un curso para ser Virtual Assistant y empecé a explorar diferentes formas de hacer dinero por internet. Sabía que quería transicionar al mundo remoto, así que apliqué consistentemente a diferentes vacantes hasta que, aproximadamente un mes y medio después, conseguí trabajo como asistente de gestor de propiedades en una empresa en Estados Unidos.
Cuando le contaba a otros viajeros lo que estaba haciendo, les daba curiosidad y eso me hizo darme cuenta de que no todos saben en dónde encontrar estas oportunidades. Miguel, un amigo colombiano que quiero muchísimo, me pidió ayuda para encontrar trabajo remoto, y gracias a que él me animó a compartir mi experiencia con el mundo fue que nació este proyecto: Viaja y Trabaja.
Cuando terminé de mochilear y ya trabajando remoto con un contrato a largo plazo, mi plan era explorar Centro y Sudamérica empezando por Colombia. El plan era quedarme en una ciudad grande por al menos un mes y hacer trips los fines de semana. En enero de 2025 tomé mi computadora y mi mochila y me fui a Medellín. Fueron tres meses de ignorar el plan inicial por completo y vivir en pura fiesta, para después levantarme temprano a trabajar. Moverme tan rápido, de un lugar a otro, con un horario de sueño pésimo y sin rutina fue mi receta perfecta para el burnout. Dos meses en Colombia y un bicho en el estómago me hicieron llamar a mi mamá llorando; estaba AGOTADA y, por mucho que quería seguir viajando, no aguantaba más.
En abril regresé a Torreón pensando qué hacer: ¿quedarme en México o irme a otro país? Sabía que no quería quedarme en Torreón, pero tampoco quería preocuparme por visas y límites de tiempo. Decidí mudarme a Bacalar para descansar y reconectar conmigo. Firmé un contrato por seis meses en un depa y fue exactamente lo que necesitaba. Encontré mis rutinas y rituales; amé tener un lugar que pude llamar hogar. A los tres meses, el bichito viajero regresó y empecé a hacer pequeños viajes de una o dos semanas a diferentes lugares. Este ritmo me parecía perfecto, aunque estratégicamente Bacalar no es la base más práctica por cuestiones de logística.
Lo mejor de este estilo de vida es que en todas estas experiencias yo pude DECIDIR: dónde quería estar, por cuánto tiempo, tener estabilidad económica, rutinas, mi propio espacio.
También te reta: tienes que tener disciplina para cumplir con tu trabajo aunque el día anterior te hayas enfiestado durísimo, manejar las zonas horarias, ROGAR porque el wifi del hostal esté decente, aprender a estar con tus pensamientos y amar tu compañía.
Este ha sido el estilo de vida que más me ha gustado. Puedo tener aventuras, momentos de calma, estacionarme en un lugar o moverme de un lado a otro. Estoy aprendiendo con el tiempo qué me funciona mejor y solo experimentándolo pude saber qué es lo que más me gusta.
Después de un tiempo decidí dar el salto como VA freelancer, lo que me da aún más libertad para diseñar mis proyectos y elegir con quién trabajo. Viajar, en todas sus modalidades, me ha transformado profundamente. Ahora, a través de VIAJA Y TRABAJA, ayudo a otras personas a hacer la transición al trabajo remoto. Me gusta mantenerme actualizada, saber qué hay en tendencia en el mercado laboral y escuchar a cada persona para encontrar el mejor fit para ellas. Trabajo de forma 100% personalizada porque sé que cada historia es única y tengo las herramientas y la experiencia real para guiarte hacia esa libertad de elegir dónde y cómo vivir.
Han pasado casi diez años desde aquel primer viaje en 2017, y te puedo decir con certeza: esta vida trae consigo muchísimas cosas buenas. Sí, puede ser intimidante dar el salto, pero también puede ser la mejor decisión que tomes.
Este espacio es para compartir contigo todo lo que voy encontrando y aprendiendo de este estilo de vida, con sus altos y bajos, con completa honestidad. Aquí te cuento mi visión del mundo, lo que pienso, lo que veo, mis aprendizajes y mis errores para que tú no tengas que pasar por los mismos. Te comparto recursos, guías y todo lo que me ha sido útil mientras viajo.
A través de viaja y trabaja remoto también te ofrezco acompañamiento personalizado para que consigas ese trabajo remoto que te dará la libertad de viajar. Espero inspirarte a conocer el mundo y, sobre todo, que sepas que esto también es posible para ti.
¡Gracias por estar aquí!
Anacris xx